El discernimiento
Dios nos regala el don de discernimiento. Discernir significa básicamente separar una cosa de otra para entender lo que es verdad de lo que no lo es, aunque lo parezca. Dice la Palabra: <<…el espiritual juzga todas las cosas…nosotros tenemos la mente de Cristo>> (1 Corintios 2: 15, 16). Discernir en el Espíritu, es siempre una obra de revelación del Espíritu para el que tiene una fe firme.
En este sentido buscaremos respuestas a nuestras inquietudes respecto de las situaciones que se nos presentan diariamente para poder elegir con sabiduría cual es el camino correcto. Pero que hay de mi relación con los demás, será necesario que yo también trate de reconocer que pasa en el espíritu de los que me rodean, si estoy a cargo de un grupo de personas que busca crecer en su fe, ¿podré pasar por alto lo que hay en el corazón de mi hermano?; con cuanta facilidad emito un juicio sobre la actitud de algún hermano que en oportunidades no hace lo que esperamos o falta a un compromiso.
Poder reconocer lo que ocurre en el otro antes de emitir un juicio es lo que llamo “Discernir el Espíritu” tratar de entender lo que pasa en su corazón, en su alma en definitiva adentrarme en los sentimientos del otro, pero no con una mirada critica ni de juicio sino que por el contrario tratar de mirar con los ojos de Jesús, con su bondad con su amor, y desde esa perspectiva acoger a nuestros hermanos, entenderlo, y guiarlo si es necesario.
Cultivemos este arte involucrándonos personalmente, para que esta gracia crezca progresivamente en la medida que vamos teniendo nuevas experiencias, con nuestros aciertos, errores y discrepancias que seguramente tendremos con otros, pero recordando que al mantener las mismas actitudes de Cristo podremos discernir y aplicar estos valores de Jesús, la humildad y el amor incondicional a los hombres.
Tomar a Jesús como modelo es sin duda el camino mas corto para nuestro discernimiento del espíritu y así acercar cada día un poco más el Reino de Dios a la Tierra; y a los hombres.
