«Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro»
Esta frase puede resultar común en un relato cualquiera, pero en este caso si centramos la atención en cada uno de los personajes, podemos identificar tres aspectos que nos pueden hacer reflexionar respecto de nuestras vidas en relación con Dios.
En el paralítico nos podemos ver reflejados cada uno de nosotros, cuando estamos sumidos en el pecado podemos estar en la camilla del paralítico, ya que el pecado nos paraliza en nuestro camino hacia Dios. A veces, no nos damos cuenta o creemos que estamos bien como estamos, o que ya solucionaremos o pondremos en orden nuestras relaciones con Dios en otra oportunidad.
Los hombres que llevan la camilla sin duda son nuestros verdaderos amigos ello ven mi situación de pecado y quieren ayudarme para que me reconcilie con el Señor, necesitamos de estos amigos que con tenacidad venzan mi resistencia cueste lo que cueste como en el relato “abrieron el techo encima de donde Él estaba”(Mc,2 1-12.) imaginemos esa escena, polvo, ruido, gritos, pero nada de eso impide cumplir con su objetivo, acercar al paralítico (pecador) a Jesús (al perdón)
Para los verdaderos amigos no hay dificultades, ellos quieren lo mejor para quienes aman de veras. Me pregunto; ¿seremos amigos de verdad y nos esforzamos para llevar a quienes amamos a Dios?. No olvidemos que también ellos pondrán resistencia. ¿Soy realmente amigo? ¿Pueden confiar mis amigos en que les ayudaré a estar cerca de Jesús?
Jesús Viene a traernos la verdadera salvación, a liberarnos de la parálisis, viene a perdonarnos los pecados. ¿Ayudo a los otros a acercarse a la confesión? Jesús nos dejo la gracia del perdón, pero este perdón no llega por si solo se requiere de una decisión personal para acceder a esta gracia.
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos lleva y nos da a Jesús: ¡que con su ayuda también nosotros llevemos a todos a Jesús!
Ivan
